La intimidad perdida

 


2025 01 07

 

“Ferran Sáez Mateu traza un recorrido desde la solitaria torre de Montaigne en el siglo XVI hasta la actualidad, marcada por tecnologías que nos fascinan aunque siempre exigen algo a cambio. En el camino asistimos a la renuncia dócil a nuestra privacidad, y a su corolario más preocupante: el potencial olvido y la pérdida de la intimidad.

La intimidad es un lugar de la conciencia, un territorio de libertad; lejos está de ser una forma de recogimiento, o incluso de aislamiento. Por ese motivo, privacidad e intimidad son cosas muy distintas. Privatus no alude a lo que somos, sino a lo que tenemos y a cómo lo demarcamos; intimus, en cambio, refiere a lo que está más adentro. lo más profundo, es decir, el último límite.

El territorio de la intimidad, la penumbra del espíritu, propicia el surgimiento de la Modernidad. Aparece primero en la pintura del yo que Montaigne delineó con sus Ensayos, a la vez que fundaba este género literario, y se consolida filosóficamente casi un siglo más tarde, con el hallazgo del cogito cartesiano. Esos dos espacios extremos de intimidad son los que nos hicieron verdaderamente modernos.”

https://herdereditorial.com/la-intimidad-perdida-9788425451379

Esto es lo que dice la propia editorial sobre el primer libro del año. Aparece en la información adicional al final del Epub, donde lo he leído. Un ensayo. Leer ensayos o tratar de escribirlo es intimidad, y lo suscribo. Y a la vez me encanta. Mis soledades no son en vano, trato de auto conocerme a través de su lectura, casi sin querer. Al leer un ensayo no te distraes, no puedes ausentarte en un mundo descrito, como en una novela. Debes ser el protagonista del mundo que aparece.

Las novelas muchas veces las trato de la misma manera. Ahora soy la protagonista de Ottesa Moshfegh en su año de descanso y relajación. Ando como ella, sin nombre, con esperanza de renovar mis células en estos días de descanso que disfruto en la soledad de la lectura y el recogimiento en mi torre sin viñedos de un pueblo dormitorio de Valladolid, con 47 años.

Soy mi propio juez cartesiano, mi libertad está sometida a mis propios valores, emanados de aquí y acullá. Es decir, de lectura de ensayos y conversaciones, para nada banales, con gente que admiro.

Tengo la suerte de alcanzar esa intimidad, aunque me quejo de la privacidad. Estar aislado, no omite el contacto con la sociedad que logró Montaigne. Yo no lo rechazo, me sumergí en la cabalgata de los Reyes Magos, me escondí de la aceleración que me rodeaba, dentro del bullicio. Soy capaz de eso gracias a mis momentos de intimidad.

Escribir para mí, es un ensayo, como titulé mi primera novela; un ensayo de recuerdos que se asemeja al autoconocimiento del que los gurús buscan sacar provecho.

Lee. Lee ensayos. Este no es de los más profundos, es liviano, comprensible, tan de sentido común como tantas cosas que pasamos por alto.

Le recomiendo, ¿por qué no? El filósofo Gregorio Luri definió al autor, Ferran Sáez Mateu como el mejor ensayista de su generación. Es tan actual que da miedo, porque hablar sin perspectiva, quizás es temerario. Si escribes, tendrás ese tipo de miedos, sino les tienes, creo que deberías tenerlo.

La inmediatez en el juicio es difícil de afrontar. En forma de ensayo se estructura, se medita, pero aun así debe tratarse con mucho cuidado. Caer en estereotipos es frecuente, es casi inevitable.

Todo lo que he leído de él me suena, lo que no quiere decir que sea banal. Reforzar ideas es conveniente, al igual que hacen con nosotros cuando invaden nuestra privacidad con anuncios recurrentes, fakes news, y demás intoxicación…

También es conveniente para purgar, como escribe Descartes en su Meditación primera: “Ahora, pues, que mi espíritu está libre de toda preocupación, y que me he procurado un reposo tranquilo en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir de un modo general todas mis antiguas opiniones”

Filosofar es mantenerse sereno ante el porvenir, que decía Epicuro. Ahora que soy ya viejo me conviene. Conviene en buena medida a casi todos. Sentarse en el recogimiento de un escritorio y escribir un ensayo de tu propia vida. Para contradecirse, para destruir, para reafirmar, para cuestionar cada paso de baile que se da en la vida.

El ensayo es un espejo al que mirarse y por el que estar orgulloso. Yo lo estoy de preferir el ensayo a la novela negra, el thriller o cualquier otro género literario… Si acaso las distopías como posibilidades no tan alejadas de la realidad para de alguna manera, desencaminarnos a ellas. Conocer la manera de dibujar otro futuro, otra posibilidad más sensata, apacible, correcta… de bailar.

Necesario, pero no imprescindible. Para el que no posea esa intimidad y la busque por éxitos de autoayuda, totalmente indispensable. Para el filósofo quizás obligatorio. Para mí, aconsejable para un lector atento a los detalles.

 

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