Ágrafooo

 


2025 02 26


“El misterio en todo, por su mismo secreto, provoca veneración.”


Baltasar Gracián (El arte de la prudencia)


Me recuerda al arrojo de seguir escribiendo al silencio, en lo que me hallo desde hace dos años ya. Canciones enviadas, poemas buscando una rima con-sonante apropiada, historias que reduzcan los 15 kilómetros que nos separan…


No hay manera, pero no puedo negarme a ello. Será por la atracción que provoca el misterio, tu secreto… Quizás sea sólo eso mi motivo de veneración…


Eso es lo que precisamente atrofia mi prudencia… Ninguno de los dos es tan simple como un lobo estepario. Hay mil millones de personalidades en cada uno de nosotros. Son etapas, unas loba, otras mujer, otras delfín, otras unicornio (¿no se dice unicornia?)…


La segunda lectura siempre da para más… Ojalá pidieras que me acercara con unas pastillas para tus dolencias, y un poco de agua fresca.


Bueno, me voy a duchar para bajar a por leche. El lobo es más de café, como el hombre que trabaja para que pueda comprarlo. Si necesitas algo llama: 672 xx XX xx, tiene rima con-sonante, quizás no la apropiada, pero siempre rima si se tiene un poco de imaginación ágrafa...


No me basta un Click (una peli de Netflix), un scroll rápido por el móvil para pasar la tarde… Multiplicar la velocidad de una conferencia, y saltarme a la torera un gesto sutil, un pestañeo… No, no va conmigo. Soy de los que gusta regodearse en las cosas importantes…


El misterio de tus cambios de humor; si usas la misma lencería cara ahora que te has operado los pechos; si te muestras igual de acalorada en un pódium o lo reservas para tus lances de cama. Me desvela el misterio de la estampa que pueda salir de tu toilette tras un esponjoso baño de rímel y carmín… Me desencadena escalofríos el saber si algún día de estos has acariciado el móvil, y has preferido seguir acariciándote a solas.


Tengo la imaginación de un niño, pero tus silencios no han hecho más que subrayar mis meditaciones a solas. Mi brazo derecho no da para más, tus mechones de fuego e han derramado en mi almohada con olor a soledad, noche tras noche… Si me hubieses visto, ¿hubieses enmarañado tus rizos en mi dentadura hambrienta?


Cada día en silencio es un misterio añadido al cenicero.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Inspirado en unos labios rojos

Mal sueño

Poder disciplinario