Convivimos con la IA. Casos de éxito
2025 02 22
Me he acercado por oxigenar mi mente y parece que no haya abierto las ventanas del salón, ¡apesta a disolvente!
No sé si seguir pintando o escribiendo, y dejarlo todo de la mano de la IA.
El Foro de Cultura me ha dado la oportunidad de escuchar a Antonio Guzmán que dirige el equipo de Discovery de Telefónica Innovación Digital. No advertí lo que aparece al final de la presentación de la ponencia: “El encuentro está organizado en colaboración con la CEOE.” Sí, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales.
El tema no puede ser más interesante, y no puede dar más miedo abordándolo desde el punto de vista económico (tema tratado en este Foro de Cultura con el título: ¿Quién dijo miedo?)
He intervenido, sin pedir vez. El sesgo salía en uno de las aplicaciones prácticas que ejemplificaba Antonio.
La ponencia ha sido espectacular, pero he acabado encogido, aterrado ante la pasividad del público, ensimismado por los algoritmos, excepto la última empresaria que ha hablado (del sector cultural).
La huella de carbono que supone almacenar la ingente basura de datos para alimentar esas IIAA es espeluznante; pero lo que preocupaba era que la independencia para alimentarlas, subiera los precios de las aplicaciones que las usan… ¡Triste, devastador!
¿Cómo no sentir miedo ante los analfabetos empresariales? No de la IA, no. Del sacrificio natural que supone abaratar los costes en personal e incentivarlos en la tecnología.
¿No se dan cuenta de que el que consume, no va a tener dinero para gastar? Sólo van a consumir ellos (no quiero decir las castas, pero sí, cada vez más acentuadas).
Entiendo sus beneficios. Antonio lo ha descrito como una revolución, lo ha comparado con la Revolución Industrial (a mí me ha venido a la mente la alienación, las colas de miserables anglosajones entrando a la cadena, mi padre…)
También ha hablado de la rueca, del telar, nos ha preguntado si sabemos coser… Pronto no vamos a saber ni lavarnos los dientes, ni sentarnos a cagar…
Antonio también ha comentado el trabajo que está haciendo con Telefónica actualmente. A veces falla y la IA mata a los negros, o a un perrito adorable; en vez de subirle la temperatura de la calefacción o encendiendo el aire acondicionado, según convenga para su cuidado. Asistentes del hogar que tienen sesgos, porque están mal informados y tienen fallos.
Como él ha dicho, son estadísticas, porcentajes, matemáticas… Eso no falla, siempre hay un porcentaje, aunque sea mínimo de cagarla…
Si la AI se asemeja al ser humano, ese porcentaje siempre existirá…
Me hubiese tirado rebatiendo sus afirmaciones hasta el lunes del año 2098. Pero si la IA se mantiene revolucionando todo, no llegaremos.
Cada vez da más miedo el mundo empresarial. Escuchan, de gente inteligente, lo que quieren escuchar. Buscar el beneficio es su leitmotiv. Es como lo que escribía hace poco del ermitaño occidental; sumido en su propio nicho. Sea éste su salón, o su despacho…
Salí después de hacer la base para pintar más pájaros, del gusto de mi hermana, y casi vuelvo llorando. Igual no como hoy, igual no merece la pena seguir viviendo en un mundo tan atolondrado. Igual sea drástico, lo que sí puedo asegurar que es cansado. Me voy a tumbar en la cama vacía, el letargo para el ermitaño occidental, es mejor salida que viajar al lugar de moda a tomar un vermú por cinco euros, o deambular por los escaparates de un gran centro comercial.
Ya si eso luego pinto y escribo más… Según lo que me dicte la almohada.

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