De otro modo
2025 02 19
“sitúa el
origen y la razón de lo ético en la libertad personal sometida al principio de
la razón comunitaria..”
Eso dicen de Paul Ricoeur en un libro que acabo de empezar,
por curiosidad al hablar Ernesto Castro de él… Me he acercado porque creía
estar de acuerdo con él, pero leyendo esto dudo.
Hoy en día la razón comunitaria, ¿en qué se basa?, ¿en la
economía, en el poder, en la globalización, en el pro-colonialismo?.
¿En dónde se sitúa con estos algoritmos?, ¿en la China
exportadora/controladora de TikTok, en la súper potencia de Trump, en el
idealismo poscristiano europeo?
El pro-colonialismo es hacer del tercer mundo, que poco sale
en los telediarios, el basurero de los ricos (occidentales).
El idealismo poscristiano europeo es la pasividad, decorada
por burocracia insana, desde Bruselas.
Enferma buscar una razón comunitaria. Abolir la diversidad
mundial es ponerse un velo, eclipsar con un obsceno burka la variabilidad del ermitaño
occidental que unos días come en mesa de salón unos fingers congelados de
latinoamérica, como al día siguiente se va a cenar debajo de su casa al rincón
más septentrional de una Europa pobre en materias primas, o pide un globo para
comer como en el país más patriarcal del sol naciente…
Ese idealismo no nos deja ver que lo razonable en la isla
más meridional de Japón, la isla de Oki-no-Tori Shima; no tiene nada que ver
con la más meridional de África, cabo Agulhas; o de Cabo de Hornos en América
del Sur…
No pasa en tu ciudad. En mi ciudad la zona sur es la de los
ricos, que ahora quiere llegar hasta Simancas, mientras en el norte… San Pedro
o barrio España son un de sus barrios más humildes, por no decir algo peor. La
razón comunitaria cambia cuando tus ingresos salen de ayudas del Estado o de
grandes fortunas heredadas (por resumir).
Ni qué decir tiene que la libertad personal de cada uno
depende de su “linaje”, de la vida que tenga hipotecada, del derecho a pedir un
préstamo, del deber – como carga o no – de pagarlo.
Someter tu libertad personal a la comunidad suena
verdaderamente heroico en muchos casos. En otros, una sumisión demasiado fácil
para el que somete. Reconciliar estos dos polos con esa frase lapidaria que da
comienzo a la reflexión, me parece de un pensador poco pensante… acomodado.
El ermitaño occidental no tiene peso como valor de
razón, por eso es ermitaño (persona que vive en soledad) rodeado de otros que
le imitan sin tenerle en cuenta, sin mirarle, sin sentirle. Sólo cuida de sí
mismo, sin mirar alrededor más que dos cuadras, acercándose forzado a su puesto
de trabajo, donde sólo se compara con otros pocos; mientras que mira por
múltiples pantallas (sin ninguna razón de ser) lo que otros predican.
¡Y ya no se predica el evangelio! Las escrituras vienen
impresas en símbolos estampados en papel mojado, en cripto-tumbas, en
emoticonos tan instintivos como un parpadeo de ojos, en vídeos cortos que
ciegan la mirada, en una instrospección curativa tan ridícula que se puede
resumir en 5 pasos-hábitos-rutinas… Pero sí tenemos algo en común con los
evangelios: todo lenguaje debe ser interpretado.
Pero si te encierras como un ermitaño occidental, no hay
tiempo para interpretar nada. Todo pasa de largo sin filtro, a pesar de los
muchos que campan a su aire en las redes sociales, en la santificada
inteligencia artificial.
Es un privilegio no encajar, que diría Pizarnik. Es un
privilegio odiar a tu vecino (porque conoces cómo es), es un privilegio haberme
quedado en casa en vez de ir a ver un clásico europeo donde el todopoderoso
Madrid campea a sus anchas, haber indagado (muy poquito) en las reflexiones de
un filósofo para llevarle la contraria en la primera página de la introducción
de un libro que habla de él.
No soy Rodin, no me esculpo como el pensador; pero tampoco
vendo esculturas invisibles (Salvatore Garau); y sobre todo, no las compro.
La razón no puede estar vacía, pero tampoco puede ser común,
vulgar, deshumanizada… Encontrando en ella la libertad personal. Prefiero ser
un lobo estepario. Con doble personalidad, doble naturaleza, contradicciones,
interesado en la poesía, pacifista ante la barbarie de la mercantilización de
las guerras; una metáfora resonante por escuchar, en su eco, esa razón
comunitaria ambigua, sesgada, polarizada que no le convence, y a pesar de que
en sus actos, con total libertad dibuja unas actitudes nobles; aparece el odio
y la violencia ante tanto ermitaño occidental enajenado por una razón
comunitaria que ni siquiera comprende, pero que acata como el Corán...

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