Laberinto de imaginación

 


2025 02 03

 

Terminando de leer Tinieblas de un verano de Takeshi Kaiko, ya recuperado de una gripe con terribles escalofríos, y demostrando en una cancha de baloncesto que mi juventud, se va difuminando como el sol cada atardecer… Leo y rescato con “triste alegría”, lánguida sonrisa, desesperanzada utopía… dos párrafos insignificantes para el relato, o su sinopsis entera, no estoy seguro; antes de meterme en la ducha…

Dicen de esta novela que “arroja una vívida luz sobre la alienación que sufre un tipo de japonés determinado: el inteligente, perceptivo y terriblemente perdido entre dos mundos”

Me levanto para afeitarme, pienso un segundo lo que quiero decir. No quiero lastimar, no quiero parecer un lobo estepario. Quiero asumir mi edad, asumir mi cansancio… Pensar en colgar las botas es sano a mi edad, aunque sigo pensando que es demasiado pronto.

Quizás soñar con el pasado, dibujar un laberinto de eterno retorno; y asumir la realidad convulsa e incomprensible, sea uno de mis actos más poderosos…

Voy a ser breve, que sino no me lees… Soñar es “llenar su boca”, asumir es “proponerse escapar, hacia fuera o hacia dentro”

Esto ya es para mí… NO HACE FALTA QUE SIGAS LEYENDO…

Ese proponerse escapar, puede que tenga que ver con poner la calefacción todos los días, para estar a gusto conmigo mismo a solas. Madrugar para leer, para que la primera tarea del día sea cuidarme a mí mismo… y terminar el día leyendo. Sin dar un respiro al desaliento, pues quizás sea tío este año, o el que viene. Y me debo a mi familia. Se merecen mi mejor versión, ahora que ya se ha pasado todo mi desánimo.

Creo en el cambio, ese que apoltrona en el sofá, el que mima los cuidados con pocos quehaceres, pero diarios.

Las obligaciones están, los ruidos aturullan en el momento, pero todo se pasa (menos el dolor de espalda, y el ruido de los vecinos) con un poco de música de ambiente, una lectura en voz alta, una buena conversación…

En el libro, la pareja aguanta estoica… Cada uno con sus taras, pasan el verano con esperanza… Como yo en mis laberintos del pasado. Dibujar un pasado, a base de pinceladas sueltas es engañarse, pero la dulzura de la imaginación también acaricia, cura, sana… y da calor con la calefacción encendida.

Leyendo un capítulo al día del temario, la imaginación es necesaria, a falta de alguien que quiera llenarse la boca de mí…

Iría a entrenar hoy, pero sé que es lunes todavía, que ayer salté lo suficiente, y que el resfriado no lo paso con casi 48, como lo hacía antes. Prefiero una ducha, y seguir leyendo en la cama hasta que me inunde la imaginación.

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