Paulina Flores
2025 02 21
En el vídeo se entiende de otra manera, tienen buena pinta
estas dos…
A la chilena no la conocía. https://youtu.be/RPVj3znktyc?si=1jsm13JmBWHaJKR7
Si te apetece, ¿te puedo hacer una visita? Es eso o pintar
pajaritos para mi hermana que anda en París enamorada, espero; haciéndome un
sobrino.
Esto que sigue es la newsletter de Anagrama, donde la
chilena reescribe el amor, la lucha, la venganza más odiada de todos los
tiempos:
...
Puede que ya hayan pasado los años de oro del poliamor y las
relaciones abiertas, esos tiempos en los que se leían manuales sobre cómo
querernos mejor, por qué era importante multiplicar los afectos, en qué sentido
la monogamia era peliaguda y de qué manera se podían gestionar los celos en una
relación: se publicaron libros, ensayos, artículos, y a todas horas aparecían
talleres, conferencias y asambleas para discutir las nuevas formas relacionales
que venían para cuestionar la familia y los roles históricos de la pareja.
Anarquía relacional, metamor, polifake, jerarquía… eran palabras que gestaban
un nuevo léxico para el amor.
Unos años más tarde, nos preguntamos qué ha quedado de todo
eso en las relaciones de hoy. La socióloga Eva Illouz ha descrito a lo largo de
toda su obra, en ensayos como Por qué duele el amor, Intimidades congeladas o
El fin del amor, de qué manera el capitalismo ha transformado las emociones y
las ha mercantilizado, y cómo la psicologización del yo, con la moda de la
terapia y la autoayuda, ha promovido una visión individualista de las
emociones. ¿Es todavía posible emocionarse con historias románticas de final
feliz?
Hay algo, aun así, que Illouz no ha llegado a tratar en su
obra, publicada a lo largo de la primera década de los 2000, porque es de
rabiosa actualidad: la moda reciente que canta el lema de «monogamia o bala»,
que hace referencia, entre las generaciones más jóvenes, al deseo de una
relación cerrada, lejos de todo ese glosario de las nuevas relaciones
alternativas. ¿A qué se debe el regreso enérgico de los vínculos monógamos y
cerrados que aspiran a los objetivos de la pareja tradicional? ¿Por qué insistimos
en desear como deseaban nuestros padres?
Hay quien dice que es una reacción pendular, lógica, a los
años en los que tener varias parejas era lo normal, esa década brillante del
2010. Hay también quien relaciona el término con un lenguaje de memes y de
ironía virtual. Y hay, en cambio, quien habla de una deriva conservadora en las
relaciones amorosas actuales, tal y como demuestran otros fenómenos virales
como las tradwives, que comparten su aparente vida feliz de ama de casa en las
redes sociales. Sea como sea, es evidente que el paradigma del amor ha mutado y
se ha instalado en una nueva etapa que aún no podemos juzgar con distancia.
El deseo siempre opera acercándose a lo que es difícil,
complicado, a lo que se resiste a ser capturado: ¿puede ser, en este sentido,
que el renovado éxito de la monogamia sea una reacción a la imposibilidad de
ejecutarla como se ha ejecutado hasta hoy, con la crisis de la vivienda, la
precariedad de los más jóvenes y la pandemia de incertidumbre del presente?
Paulina Flores acaba de publicar La próxima vez que te vea,
te mato, su esperada novela después del éxito de Isla Decepción (Seix Barral,
2021) y tras ser seleccionada como una de las veinticinco mejores narradoras en
español menores de treinta y cinco años. Esta nueva obra trata sobre una
historia de amor y poliamor, del intento de Javiera, una joven chilena recién
llegada al Raval de Barcelona, de amar bien o amar mejor y del triángulo
amoroso que configuran Laura, Armonía y Manuel, y en el que ella quiere ocupar
un lugar a toda costa.
¿Será Javiera un faro para el lector, un ejemplo, o una
antiheroína que hace todo lo que no haríamos jamás? O, como ella misma se
pregunta en la novela: «¿y si solo me hago la poliamorosa porque es mi forma de
quitarle jurisdicción a la infidelidad?».

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