Pensar y concebir ideas

 


2025 02 08

Leyendo las palabras de Yosano Akiko en 1911, me ha venido a la cabeza una luz… El Adagio en G Minor de Tomaso Albinoni, también habrá tenido algo que ver…

Nos estamos negando a pensar. Un doctor al que admiro mucho, músico de vocación, ponía un meme equivocado: “Sólo hay dos géneros: fascistas y antifascistas”

Es una equivocación pensar así. Es acercarse al abismo, estar en el horizonte de sucesos de un agujero negro, jugar a ser funambulista sin red, ni línea de vida que lo sostenga.

Akiko escribía: “Yo creo que la tarea más noble que puede hacer una persona es pensar y concebir ideas. Tener ideas es lo más libre; lo más agradable que hay. (…) Solo después de pensar, cobra vida el valor y el significado del propio trabajo”

“Basada en mis propias convicciones, quiero animar a las mujeres corrientes a pensar. Como mujeres, nuestra renuncia al pensamiento ha durado demasiado. Nosotras no hemos sido más que brazos, piernas y bocas, sin un cerebro propio”

La sensación, a día de hoy, es que renunciamos al placer de pensar. Somos marionetas que recitamos en voz alta, lo que otros nos dictan. Esos otros están lejos de nuestra realidad, lo sabemos de sobra; pero a pesar de ello, nos dejamos llevar por la apatía de no pensar por nosotros mismos.

Por supuesto que hay que tener referentes, por supuesto que hay que saber escuchar. Pero vivimos en un mundo muy diferente a los que tomamos como referentes.

No se me ha perdido nada en Israel (donde quiera que esté), en Palestina, en Ucrania, en el Congo, en Estados Unidos… Sin embargo, gritamos consignas a favor, o en contra de causas ajenas, como si dependiera de ello la paz en nuestro salón. Olvidándonos que nuestra felicidad depende más de hacer una buena comida en nuestra cocina, que de la subida del bitcoin en El Salvador.

Pensar y concebir ideas, quizás sea la diferencia entre los seres humanos y el ser humano por excelencia. Ayer escuché una conferencia magistral de Carlos Briones, tras un pádel y un descanso merecido; donde buscando una definición de lo que es la vida, descartó el inmovilismo (de los pensamientos y de las moléculas) y subrayó la continua creación como motor.

Sino llegamos a concebir, morimos, no evolucionamos. Siendo hombre o mujer, pensar, aunque venga desde el aislamiento justificado del lobo estepario, es vivir.

Recitar dogmas intencionados y redactados desde lo más ajeno a la vida, es morir en vida. Ajenos por que buscan el inmovilismo, la atrofia cerebral, el aborto de las sinapsis para cesar con un tijeretazo la evolución innata, natural, biológica; que posee el ser humano para hacerse plenamente ser.

Quizás las circunstancias sean adversas. ¡Piensa! Igual las horas excesivas de trabajo te colmen de alguna manera, una hora en el gimnasio te reconforte, una hora de lectura te alivie, cinco horas de sueño basten para descansar…

Las circunstancias no se pueden variar desde el estatismo. Que tumbarse en el sofá, no signifique olvidar que tu imaginación persiste en el juego infinito de pensar. Que al levantarse seas capaz de reafirmar tus propios pensamientos, siendo capaz de contrastar la inmovilidad cerebral que nos imponen. La variedad de afrontarla es infinita. Las verdades son pocas, y casi nunca vienen dadas como dogmas, casi siempre vienen como respuestas a preguntas sesudas, vienen tras fallo y error, tras contradicciones donde se entona el mea culpa como relato humano del transitar por la vida de una manera gozosa. No confundir la vitalidad con la virilidad o la viralidad del momento…

Seguiré leyendo, para contradecirme, para animarme a pensar, para levantarme del sillón con alas para volar…

El resto es basura, el meme un invento más del establishment que puede pellizcar al cerebro, pero nunca dictar nuestro ánimo a pensar por nosotros mismos… Sin más, gracias Akiko por pellizcarme un sábado en el que la niebla ha sido superada por un sol que no calienta, pero que anima el espíritu…

Me levantaría si me llamara, correría sin remedio hasta su casa, pero debo aceptar su posición de loba esteparia, adornar mi viaje de Chihiro acompañado de chavales de veinte años tratando de jugar cada día mejor al baloncesto, hacer de sus sueños mi motivo para sonreír, mientras gira la lavadora con ropa demasiado sucia, ajena a ideas que tratan de encarcelar lo más libre que tenemos: nuestras propias ideas.

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