Silencio de Shusaku Endo

 


2025 02 27


Terminada la lectura de Silencio de Shusaku Endo; no admiro al padre protagonista, no admiro a quién él reza, no admiro al samurai, ni a Kichijiro que, por su talante cambiante, de cobarde a cristiano, de Judas a pordiosero; se me hace el más humano de todos los presentes.


La colonización por la fe, mal llamada evangelización; no deja de ser colonizar. Imponer una fe donde la catástrofe, la penuria y los intereses de unos pocos son la savia para cientos de miles de pordioseros; es arañar un territorio malgastado por interés. Es imponer una versión del cuento más amable, es sustituir la realidad por promesas que no se van a cumplir, es abaratar la vida, es suplir el daño de las mortales con sueños efímeros para exceder los límites de un reino con el aparatoso paraíso intocable…


La fe, sino es con medida (terrenal), es un tormento difícil de dominar. La fe es ausentarse de la vida, rodear penurias y alegrías, acrecentándolas o suprimiéndolas; según sea el caso.


A la vez que he leído esta obra inspirado en el siglo XVII, he leído a Ovidio, que con dioses más divertidos ha hecho más llevadero el apostatar del padre misionero portugués en tierras niponas. Mientras éste se escondía, los griegos mortales y divinos; vivían a toda costa su vida, sufriendo sus latigazos, sus devaneos, sus injusticias, sus distracciones, sus aventuras.


Veo más soportable la vida sin fe. Los sueños terrenales hacen vivir, los sueños celestiales hacen morir en vida.


Menos mal que todos pecan, que los que se dicen cristianos, budistas, musulmanes, creyentes; sus almohadas les dictan que vivan. Que se despierten y pequen, que se levanten y bailen en hogueras profanas, que después de confesarse o rezar, mienten a sus maridos, maltraten a sus vecinos, maldigan de sus parientes sin más placer que el de vivir un día a día único, personal, tremendamente humano.


La palabra silencio define bien al libro. ¡Cállese padre! Acalle su evangelización, su látigo. ¡Apostate, padre! Grite a los cuatro vientos, que sus palabras afecten en vida a sus creyentes. No deje para un mañana hipotético, aunque bien dibujado por evangelios y demás cuentos; que las vidas se pierdan por el único camino que tienen, la vida.


Quizás leyendo este libro apostates, quizás te hagas más ferviente creyente. Quizás solo te entretenga el martirio de los cristianos japoneses, o el trayecto del padre; hay placeres más dignos de ser vividos.


Leer es perder el tiempo, ¡Pecado!; hubieras pasado las horas rezando, hubiera servido de más...

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