Buenos días
2025 03 06
“La levadura de esta vida era noble, tenía clase y dignidad
(…), era cuestión de mundos siderales”
Pero eso ya lo sabes, por eso buscas el encuentro con el
mar, que lo refleja. Buscas la calidez del astro rey en tierras lejanas, más alegres,
menos toscas que las que se marinan con cereal y de viñas repletas.
En todo hay nobleza. Un alma burguesa teñida de bohemia debe
respirar. Los versos se pueden atragantar, mira Rimbaud.
Querer aclarar la realidad, desteñirla de sus nubarrones
errantes; es sucumbir a ella. Mejor bailar, no dormir, cambiar el biorritmo del
acantilado por la inmensidad de los granos de arena que suavizan el alma.
Sin caricias no se muestra la vida como es. Sin halagos no
duelen los golpes. Sin cariño no cicatrizan los dolores.
No soy capaz de deshacerme de tus regalos… Me entero de que
hoy entro a trabajar una hora más tarde cuando me levanto, a las cinco de la
mañana. Aprovecho para aprender con Harry todas estas cosas, ahora que es feliz
en los brazos de Maria, regalo de Armanda, a la que deberá matar algún día…
Sonrío pensando en el regalo que me diste, hace ya algún
tiempo. Tú bailas y vives, yo sólo sigo el ritmo con mis pies o ando de
puntillas con los amigos de siempre; sin salirme del guion, por miedo al
abismo… o por cansancio, o dejadez, o hartazgo.
Aún paladeo los mundos siderales que descubrimos hace
tiempo. Su sabor se empeña en inundar mi boca, mi mirada, mi piel… Sigue la
suavidad arañando mi espalda, siguen tus falanges desenredando mis canas.
Eso es todo. Casi nada. Ni siquiera funciona el timbre del
portal, para que alguien suba a mi casa. Así es mi convento, está prácticamente
clausurado, en visos de derribo.
No lo lamento. Bailé en todos los salones de baile, conocí
el infierno de primera mano, sentado a la derecha del padre, y de la madre.
Casi les quito el puesto en el cadalso, me hice verdugo y mártir a partes
iguales.
Por eso tu rechazo, tu lejanía… Bueno, es lo que toca, lo
asumo, a veces soy capaz de ignorarlo; cuando saludo con dos besos me enfurece
mi hipocresía, cuando leo me calmo, cuando duermo vomito paraísos
insospechados, cuando juego al baloncesto asumo mis límites y sonrío…
No quiero llegar tarde. Sigo soñando con una visita
inesperada, mi universo sideral es infinito, no tiene remedio calmarle con
versos o con cervezas servidas por litros; se expande entre los átomos
infinitesimales hasta el más recóndito de los exoplanetas, aún desconocido para
el común de los mortales.
Hace tiempo que el Olimpo tiene una parcela de lujo en mi
fantasía. Hay una y mil diosas, cada una, con una mica de tu perfume, de tu
osadía, de tu “atenea” (guerra), de tu fuego, de tu rabia, de tu presencia
ideal, de tu protección, de tu calma, de tu sabiduría, de tu naturaleza, de tu
sensualidad, de tu memoria, de tu armonía…
Me voy que llego tarde, a ningún lugar, otro lugar donde
olvidar lo que echo de menos; rodeado de gente vetada en mi Olimpo, sin una
mica del refinamiento que se pide al entrar…
Buen día petarda…

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